domingo, 29 de diciembre de 2013

Pequeña historia


"No puedo. No puedo hacerlo, y aunque pudiese no sé qué hacer. Dios mío, ¿qué hago? Me siento tan débil. Tan frágil, tan... sola. Estoy tan sola..."

Y de repente apareció él. Como un tornado, arrasando con el mundo que conocía. Arrasando con todo en lo que creía. Con todo lo que pensaba que estaba bien. Con su falsa sonrisa de satisfacción, ocultando todos sus problemas tras ella para que no afectasen a mi opinión. Pobre iluso, su alma era tan bella que habría brillado incluso si los hubiese mostrado. Me habría fijado en esos ojos incluso si su aura fuese tan oscura como la ceniza y tan densa como la niebla.

"Oye, ayer me quedé pillao. Estabas muy guapa :3" 

"¿Ah, sí? Gracias."

"Sí, menudo cambio. Aunque te prefiero despeiná y con las gafas y el cuarto hecho una sajurda :3"

No puede ser real, no puede. No existe alguien tan perfecto. "Me tienes idealizado", decía. No puedo idealizar lo que me hace sentir cuando hablo con él, cuando aparece en mi mente. Me hace sentir valiente. Eso no puede idealizarse, eso se siente o no se siente. Y yo lo siento, vaya que si lo siento. Recorre todo mi cuerpo como un calor incesante que me llena de coraje y de decisión. Me llena de amor por él. Y hacía tanto, tanto tiempo que no me sentía tan feliz...

Sí puedo, claro que puedo. Y ahora sé exactamente qué tengo que hacer, y cómo he de hacerlo. Me siento fuerte, soy fuerte. Ya no estoy sola. Le tengo a él, y... me tengo a mí misma. Al fin he recuperado quién soy, cómo soy. Y no estoy dispuesta a perderme de nuevo. Se acabó. No quiero volver a verte, no quiero volver a saber nada más de ti. No quiero que vuelvas a mirarme, ni a mí ni a los míos. No quiero tenerte en mi vida. Y al fin tengo fuerzas de decírtelo a la cara, sin miedo a lo que puedas hacerme, sin miedo a lo que pueda ocurrir después. Al fin tengo fuerzas de marcharme... para no volver. Para echarte y no dejarte regresar. Vete, dame la llave y no vuelvas. Yo lloraba cada día, durante semanas, durante meses, durante años, y nunca te importó. Nunca me escuchaste, nunca me abrazaste, nunca me consolaste ni mitigaste mi dolor. Así que vete, y guárdate tus lágrimas de cocodrilo para quien te crea. Guárdatelas para quien crea que sigue habiendo un atisbo de bondad en tu podrido corazón.

Si alguna vez vuelvo a perderme... quiero que sea en su mirada.

Me llenas de calma, y al mismo tiempo desordenas mi mundo. Te quiero, peque. Gracias por existir... nunca podré terminar de agradecerte todo lo que has hecho por mí, toda la felicidad que me has brindado, toda la confianza que depositaste en mí desde el principio. Justo por eso eres lo más importante que tengo en la vida... y no existe palabra que pueda describir lo que siento por ti, porque es imposible siquiera comprenderlo. Pero tampoco es algo que me preocupe, porque... ¿para qué describirlo cuando puedo demostrártelo?

sábado, 28 de diciembre de 2013

Año nuevo

En este año he aprendido que cuando todo va bien tiene que aparecer algo que lo jode. Que los problemas no vienen de uno en uno, ni de dos en dos; a veces vienen cual avalancha y te arrollan, hasta el punto en que te encuentras tan enterrado en la nieve que no sabes cómo salir, y sientes que no tienes fuerzas para levantar los kilos de nieve que te están aplastando y apresando en tu cárcel de hielo. Y he aprendido que, en esos momentos, no debes avergonzarte por pedir ayuda, por no poder salir tú solo. Si es necesario gritar para que alguien te encuentre y te ayude a salvar tu vida has de hacerlo. Porque las personas que te juzguen por ello demostrarán que no sólo no han tenido que vivir lo mismo que tú, sino que no merece la pena conservarlas en tu vida.

Este nuevo año voy a empezarlo pidiendo ayuda. Voy a comenzar a ir al psicólogo de nuevo, después de tantos años, y esta vez no voy a permitir que nadie me rompa la terapia en la cara. No voy a permitir que me humillen, ni que abusen de mí; no voy a permitir que me detengan. Voy a coger la ayuda que necesito para salir adelante, porque sola no puedo. Y aunque antes me avergonzaba reconocerlo ya no me da vergüenza admitirlo. Tengo tantísimos problemas en mi vida que no puedo con ellos sola, y me parece profundamente injusto arrastrar a los que me quieren conmigo sólo porque soy tan débil que no puedo levantarme sin tirar a otros conmigo. Así que no voy a hacerlo, y voy a terminar lo que hace muchos años empecé y no me dejaron realizar. Porque quedarme como estoy no es justo... ni para mí ni para los míos. Y ya va siendo hora de que empiece a hacer lo correcto, y a ser justa conmigo misma.

lunes, 23 de diciembre de 2013

No eres la excepción de nadie...

Toda mi vida he mendigado atención. Siempre me he lanzado a los brazos de la primera persona en la que sentía que podía confiar y he abierto mi corazón, con todo lo que ello conlleva, dejándome completamente expuesta. Dando el desmesurado poder de herirme y hacerme feliz a la persona equivocada. Sirviendo en bandeja de plata la respuesta a las preguntas "¿cómo puedo hundirla y no dejar que se levante jamás del golpe que le propine?" y "¿cómo puedo hacer que se convierta en la persona más feliz de este mundo?".

Y no importaba cuán fuerte fuese el golpe. Siempre encontraba alguien que me abrazase y a quien brindar el mismo poder. Siempre había alguien a quien podía contarle todos mis secretos, mis preocupaciones, mis problemas, mientras lloraba en sus brazos.

Siempre he sido así con mis amigos, con mis parejas. Porque soy una persona que necesita estar con alguien. Que necesita no sentirse sola. Que necesita saber que hay alguien dispuesto a escucharla... no importa la hora, ni el lugar. Soy una persona dependiente, que necesita que otras la ayuden para sentirse completa.

Y ese "siempre" se ha detenido, por primera vez. Porque tras tres decepciones seguidas en un espacio tan corto de tiempo siento que no puedo más. Que no quiero. Que no estoy preparada para que me propinen otro golpe. Y tengo miedo.

Tengo la posibilidad de conocer a alguien fantástico justo delante de mí y... decido no cogerla. Porque no puedo. Porque no puedo volver a confiar en alguien que me traicione poco tiempo después y me haga aún más daño. Porque es pensar en tener la misma confianza que con las demás y... me rompo. Echo a llorar y me doy cuenta de que, por primera vez en mi vida, siento que no estoy preparada para tener otra amiga. Que no estoy preparada para volver a darle a alguien mi propio arma homicida.

Y me paso los días en mi habitación, sin salir, completamente a oscuras frente a mi ordenador intentando olvidar el dolor que siento por decepción tras decepción... sin contarle mis problemas a nadie. Porque no puedo confiar en nadie.

Cuento los días que faltan para que pueda hablar con un especialista que no pueda traicionarme, que no pueda hacerme daño, que no pueda usar mis secretos contra mí porque forma parte de lo que le da de comer. Porque el "no gana nada hiriéndome" ya no me sirve. Nadie gana nada haciéndolo y todos lo hacen.

Necesito encontrar otra forma de llevar mi vida, de tener amigos, de conocer gente. Necesito aprender a no contar mis problemas a los demás, de solucionarlos yo sola sin ayuda de nadie, sin que nadie me escuche llorar y me diga "no te preocupes, Marina, todo va a salir bien". "Llora, Marina, llora. Desahogarte es bueno. Esas personas no merecen ninguna lágrima tuya".

Necesito encontrar la forma de ser feliz sin necesitar oír mentiras de personas que supuestamente me quieren... y dejar de creer que me quieren.

Porque no, Marina, no te engañes...

No te quieren. No eres la excepción de nadie. Y, sobre todo... no puedes confiar en nadie.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Caprichoso destino

Echo la vista atrás y me da pena, me da mucha pena.

Quién iba a decirnos esto, mamá. Que cuando estabas bien íbamos a ser tan distantes, y que ahora que es cuando estamos unidas todo haya venido de golpe.

Tal vez por eso no vino antes. Tal vez por eso el destino hizo que volviésemos a confiar la una en la otra... por todo lo que se avecinaba.

A pesar de estar en la recta final aún se me hace duro que algunas mañanas no puedas siquiera tenerte en pie. Que maldigas a Dios por el dolor que sientes acuchillar todo tu cuerpo, y grites como único consuelo. Que llores, tanto por la pena que sientes de ti misma como por el sufrimiento que estás pasando. Y que aun así te preocupes por todos nosotros... eres una mujer fuerte, mamá.

Pero a pesar de ser consciente de tu fortaleza no puedo evitar que, a veces, me inunde el miedo. ¿Y si no sale tan bien como esperamos? ¿Y si el cáncer puede contigo? Y toco madera porque todo salga bien y el hecho de pensarlo y escribirlo no tenga más consecuencias que hacerme más fuerte, pero no puedo evitar que a veces ese pensamiento aparezca en mi mente, como una estrella fugaz, pues no permanece mucho tiempo... pero deja una estela que hace que tarde o temprano la recuerde.

Y sé que debo ser fuerte, por ti y por mí. Porque si me ves hundida ¿cómo no vas a hundirte tú? Y justo por eso escribo, mamá. Escribo por no echarme a llorar delante tuya cuando me insultas por el inmenso dolor que sientes, cuando gritas, cuando lloras, cuando no puedes más y no sabes qué hacer para librarte de toda esta pesadilla que se ha cernido sobre nosotros.

Y sé que vamos a salir de esto juntas. Lo sé. Porque eres fuerte, eres muy fuerte, y puedes con esto y con más. Y sólo quedan dos meses mami. Dos mesecitos de nada. ¿Quién nos iba a decir a principios de verano que ibas a llevarlo tan bien? Tres sesiones más y fuera.

Después todavía tendrán que meterte en quirófano dos o tres veces más, pero... ya habremos pasado lo peor, mamá. Y eso es lo importante.

Te quiero. Y por más daño que me hagas, por más que me insultes, que me faltes al respeto, por más que me pegues cuando estás de mal humor... nunca voy a poder dejar de quererte mamá. Nunca. Porque eres lo más importante que tengo en la vida, y no quiero volver a separarme de ti, por nada ni por nadie. Y aunque me cuesta demostrarte lo que siento voy a intentar demostrártelo todos los días... porque te lo mereces.

Vamos allá... sonriendo, como siempre.



domingo, 3 de noviembre de 2013

Despedida

Echo de menos muchas cosas.

Echo de menos cuando te tirabas pedos delante mía y me describías cómo habían sido. Cuando hacíamos competiciones de eructos, a las que yo siempre ganaba, y nos descojonábamos juntas. Echo de menos cuando dibujabas con el Photoshop compartiéndome pantalla y yo te decía los fallos que iba viendo... cuando dejabas fallos a posta para joderme un rato. Cuando te reías de mis caras y me sacabas pantallazos. Cuando bromeabas conmigo, cuando me decías que me querías. Aún recuerdo el día en que me hablaste sólo para decirme que era muy importante para ti, y que me querías mucho. El día que me dijiste que te daba miedo quedarte sola... y yo te dije que nunca iba a dejarte sola. Recuerdo cada uno de los regalos que me has hecho, cada una de las cartas que me has escrito. Todas las palabras bonitas que me has dicho, todas las veces que me has abrazado o me has dado un beso.  Todas las veces que me mirabas y yo sabía perfectamente qué querías o qué pasaba solo con mirar tus ojos. Todas las veces que Dani me decía que parecíamos un matrimonio... y yo le daba la razón.

Echo de menos cuando nos contábamos los cotilleos, cuando criticábamos a Cristina y cuando sabía que, te dijese lo que te dijese, no me ibas a juzgar. Y volvería a hacerlo mil veces. Y quiero hacerlo mil veces más, contigo. Y pensé que tú también querías seguir haciéndolo conmigo.

Pero lo cierto es que sólo puedo hacer este tipo de cosas con alguien de confianza... y yo ya no puedo confiar en ti. Porque me has traicionado, y me has hecho daño. Y eso es algo que no le perdono a nadie. A ti te perdoné una vez... y no puedo hacerlo más.

No me arrepiento de nada de lo que te he dicho, ni de nada de lo que he hecho. No me arrepiento de los más de 200€ que me gasté en tu cumpleaños, ni del viaje de doce horas en bus, y aunque vea que tal vez no lo merecías a mí me compensa... porque verte feliz fue para mí un premio. Pero no puedo seguir dándote todo lo que te daba, no puedo. Quiero, pero no puedo.

Y... ¿sabes qué es lo que más me duele? 

Lo que más me duele es que sé que tú no sientes lo mismo que yo. Que nunca fui tan importante en tu vida, y que no me echas tanto en falta. Cada vez me hablabas menos, cada vez te acordabas menos de mí. Y ahora ya no existo en tu vida... ni tú en la mía. Y yo no puedo evitar llorar por ello... y echarte de menos. Aunque tú no sientas lo mismo, y ya ni te acuerdes de mí.

Te quiero, aunque no lo merezcas. Gilipollas.

viernes, 5 de julio de 2013

Destino

Pasa el tiempo, y echo la vista atrás. Y recuerdo tantas, tantas cosas.

Las recuerdo con una gran sonrisa en la boca, con una gran luz en la cara. Soy feliz.

Me doy cuenta de que he vivido un sueño, y que no quiero que éste acabe. E intento huir de la realidad, como si a pesar de haber dormido más de 12 horas pudiese seguir haciéndolo. Cierro los ojos y me sumerjo en mi sueño perfecto.

Echo de menos tantas cosas. Pero, por otro lado, también hay muchas cosas que viví y ahora no extraño... Cosas que ahora, gracias a Dios, no tengo; y eso me hace sentir muy bien.

Soy de las que piensan que todo ocurre por alguna razón. Que todo ocurre por algo. Y que si algo ocurre no hay que lamentarse, probablemente haya algo bueno detrás de todo esto.

Todos los días tengo la inmensa suerte de hablar con la persona más fantástica y maravillosa del mundo. La persona que tantas sonrisas y carcajadas me ha robado. Y eso no tiene precio.

Soy afortunada. MUY afortunada. Y estoy total y completamente enamorada de esa persona.


martes, 2 de julio de 2013

En el túnel

Cada día me siento más impotente.

Quiero correr, irme a algún lado donde todo esto no exista. Donde pueda tapar mis oídos y realmente deje de escuchar. Aquí por más que cierro mis ojos sigo viendo dolor.

Esto no es lo que yo quiero, no es la vida que quiero llevar. La vida en la que pienso y que me saca una sonrisa es contigo. En lo malo, en lo bueno... Eso no importa, siempre que sea contigo.

Y cada noche que me acuesto y cada mañana que me levanto lo hago pensando en ti, en el sonido de tu risa y el color de tu piel al sonreír. Y me doy cuenta de que ese recuerdo es demasiado lejano. Más de lo que quiero, más de lo que pretendo.

Intento hacerte feliz y no puedo. Intento ser feliz y no puedo. Pero de repente oigo una carcajada tuya y mi mundo oscuro se ilumina, como un haz de luz. Y esa luz me dura todo el día. Y ese recuerdo me dura semanas. Ya me doy por satisfecha.

Pero ahora quieres desaparecer de mi mundo y no darme la oportunidad de intentar volver a iluminarlo. Y eso no es lo que yo quiero. Y no creo que vaya a serlo nunca.

Esas noches bajo las sábanas, escuchando tus ronquidos y sintiendo el calor de tu piel, el frío del brazo que siempre dejas desnudo y me dejas usar de almohada. Las cosquillas que me hacen los vellos de tu pecho en la nariz mientras respiras. Los besos breves y rápidos que me das recién despierto, con tu carita pálida y el pelo despeinado.

Los crêpes con chocolate con los que me sorprendiste aquella mañana en mi casa de campo.

La tarde que nos bañamos juntos en mi piscina, cuando mis padres se fueron.

Nuestra escapada nocturna a Vic.

Los mojitos de San Juan en Mataró, y cómo me quemé los dedos previamente porque ambos sabemos que soy muy torpe, sobre todo con los mecheros.

La mañana que me despertaron los pajaritos de tu patio a las 7 y no me dejaron dormir. Hijos de puta.

Mis escapadas nocturnas de tu antigua habitación a la nueva para dormir contigo sin que tus padres se enterasen.

El Frappuccino en La Maquinista.

Nuestro primer beso en el Aeropuerto.

Nuestra primera vez en el hotel Sidorme.

Nuestro primer Showarma juntos.

Nuestra primera tarde de compras en el "Plaza Mayor 2.0", que tuvimos que salir corriendo porque ningún abrigo bajaba de los 200€.

El primer corte que me dio tu padre, "el ayudante de Papá Noel".

La cama doble en el suelo, que no sirvió de nada porque al final yo siempre acababa apretujada contigo en tu colchón por miedo al espejo y mis recuerdos de Insidious.

La primera vez que jugaste con Kero, y él prefería jugar con tus deportivas.

La tarde que fuimos en las barquitas del Parque de la Batería, que no querías pero te acabé convenciendo.

Mi primera vez en Foster's, contigo.

Las partidas al Air Hockey, a las que siempre SIEMPRE me ganas, y tu sonrisa triunfal al final, ligadas a tus carcajadas cuando me quejo y me pico contigo. Te encanta hacerme rabiar. Y a mí también.

Los intentos por conseguir algún peluche en las grúas.

La tarde de cosquillas en tu cama la última vez que fui.

La ilusión e inmensa felicidad cuando te veo aparecer en el aeropuerto y sé que en unos segundos te voy a poder abrazar y besar como nunca antes he hecho.

Por todos los momentos en los que hemos sido felices juntos, no quiero rendirme. No quiero dejarlo. Porque tenemos que seguir creando juntos miles y millones de recuerdos felices, como hasta ahora.

Sé que he estado insoportable últimamente, que mi paciencia ha flaqueado, y lo siento. Pero esto es nuevo para mí. Yo jamás había vivido una situación tan complicada, y no necesito dejarte... Lo que necesito es tiempo y paciencia. No necesito a otra persona, te necesito a ti. Y aunque tú ahora mismo no puedes darme todo cuanto quiero sólo es cuestión de tiempo que puedas. Hemos estado un año y medio MUY felices, por lo menos yo. Y no voy a dejar que medio año se cargue toda la vida que tengo por delante contigo. Porque perderte será uno de los peores errores que pueda cometer en mi vida, y no voy a permitírmelo.

Porque te amo. Y voy a seguir amándote... ni el dinero ni la distancia van a destrozar lo que siento por ti.

Vamos a superar esto. Juntos. 

Cuando estoy contigo no necesito tapar mis oídos, ni cerrar mis ojos. Cuando te tengo cerca los problemas no existen. Y el lugar que busco es entre tus brazos. 

Déjame quererte. 

Quiéreme.

viernes, 1 de febrero de 2013

Casualidades


La vida está plagada de ellas. 

Camufladas en forma de destino, pues no pueden hacerte más feliz. Otras veces en forma de desgracia, pues no pueden hacerte sentir peor.

Te hacen conocer a alguien especial, sentir lo que jamás imaginaste..
Cosas que ocurren sin quererlas, sin esperarlas... Benditas casualidades.

Y digo benditas, en plural, porque tanto en forma de destino como en forma de desgracia hacen de tu vida una verdadera aventura.

Estoy deseando saber cuál será la próxima casualidad que aparezca en mi vida.

El mundo de los sueños

Recuerdo inocente, infantil, de cómo pasan los años, los días, las horas, los minutos... Con una felicidad infinita. Una forma de ver la vida completamente diferente, como vivir anestesiado. Nada duele, ni en cuerpo ni en alma.

Dulce burbuja que te hace soñar, sin preocuparte de nada que no sea crear ilusión en un esperanzado corazón, que se marchitará.

Un recuerdo en el que lo que duele no tiene importancia, y al mismo tiempo todo es injusto; que la vecina se haya llevado el vestidito rosa que te prestó para tu muñeca favorita es MUY injusto. Y no paras de maquinar, enfurruñada, cómo hacer que te lo preste otra vez y se olvide perdírtelo de nuevo. Mente inocente, que a los cinco minutos ha dejado de pensar en ello porque la maldad no cabe en su corazón. Mente inocente, que cree que hasta lo injusto es bello porque tiene color. Mente insolente, que se niega a permanecer así hasta el fin de la canción.

La canción de la vida la llaman.

Una canción que puedes sentir de tantas formas, componer de tantas formas, bailar de tantas formas...

Una canción sin forma.

La canción de la vida la llaman.

Una canción que se modifica, que nunca permanece como está escrita; pues cual flor, se marchita.

Una canción sin alma.

Y por muy concienciado que estés de que la canción cambia, que pese a que el estribillo permanezca inmóvil las estrofas nunca coinciden entre sí, algunos cambios son inesperados.

Y es cuando tu mundo se derrumba, cuando tu romántica canción de jazz se convierte en un Nocturno de Chopin, cuando te das cuenta de que todo ha cambiado. Cuando tus lágrimas resbalan por tu cara, sin poder evitarlo, al descubrir que el perfecto principio de tu canción no fue más que un sueño, un sueño destrozado.

Un sueño hecho pesadilla; una canción convertida en silencio.

Definitivamente...

  




Algún día recordarás todo lo que he hecho por ti, todo lo que hemos pasado juntos, todas las sonrisas, las carcajadas, los buenos ratos, los malos; el apoyo mutuo, la unión que teníamos independientemente de lo que estuviésemos pasando. Que yo siempre he estado ahí, para ti.
Y cuando esto ocurra, yo seguiré pensando..


Hasta nunca.

viernes, 18 de enero de 2013

Caída al vacío

¿Recuerdas cuando te dije que, al caer, yo estaría ahí abajo con los brazos abiertos, esperando por ti para recogerte y que tu caída no fuese tan dura?

¿Recuerdas cuando te dije que jamás podría odiarte?

¿Recuerdas cuando te dije que siempre, siempre iba a estar a tu lado?


Aunque me duele demasiado siquiera pensarlo...

Estoy muy decepcionada y... creo que ya nada de eso es cierto.

Creo que ya no te quiero.

Y no creo que esto vaya a cambiar...


Mi corazón sólo me pide que escriba "te quiero", supongo que porque siempre te he querido, pero mi cabeza no para de repetirme que probablemente sea mentira... Sabes que yo jamás te he mentido, y no pienso hacerlo ahora.

Probablemente sea eso lo que definitivamente nos ha separado. Mi excesiva sinceridad... Pero sabes igual que yo que no puedo renunciar a ella, ni arrepentirme de ser así, aunque con ella le haga daño a los demás. Pensé que lo sabías, y que estabas tan orgulloso de ella como yo. Pero ya he visto que sólo te enorgullecías cuando te convenía. Como todos.


Lo siento... No puedo confiar en alguien así. Yo siempre he sido como soy ante ti, siempre te he mostrado mi interior y mi exterior, mi esencia, mi forma de ser, mi verdadero yo. Ese "yo" suficientemente cruel como para herir a los demás con verdades, ese "yo" incapaz de callarse una opinión. Tú, en cambio, me has fallado. Aun sabiendo cómo soy, me pusiste a prueba y me hiciste pagar por lo que sabías que ocurriría, por no cumplir las que eran tus expectativas. Por no comportarme como tú querías, a sabiendas que el comportamiento que esperabas de mí no era en absoluto el que yo he tenido en los siete años que llevamos de amistad. Me has hecho pagar con tu ausencia, ignorancia, desprecio y abandono tu propio egoísmo.
Algo que yo ni siquiera me he planteado hacer contigo jamás.

Y esta, aunque lo he intentado, no puedo perdonártela.




Adiós.

Supervivencia


Hoy me he dado cuenta de algo.

Parece mentira, cada día aprendo algo nuevo. Y cada vez que lo hago pienso que será lo último que aprenda hasta dentro de un tiempo... Y no es así.

No te aguanto, no te soporto, no te trago. Me has hecho tanto daño tantas veces que me es inconcebible entablar de nuevo una amistad contigo. Perdonarte. Olvidar todo lo que ha ocurrido entre nosotras.

En cambio hoy me he reído contigo.

Tal vez el odio nos une, no lo sé. La cosa es que hoy me he replanteado volver atrás, hacer que entre nosotras todo sea como antes.

Pero no me caes mejor. No pienso que te merezcas mi amistad. Es sólo que me siento más a gusto riéndome contigo que odiándote, aunque siga sin quererte cerca. Después de todo, este desprecio desmesurado sólo me ha llevado a sentirme mal. Mirar tu twitter, darme por aludida en cada mensaje despectivo, preguntarme qué estarás diciendo de mí a mis espaldas. Y no tengo necesidad de nada de esto. Es mucho más sencillo sonreírte cuando te vea, hacer como si nada hubiese ocurrido, reírme contigo y olvidarte cuando te pierda de vista.

Y esta es una lección que aún no había aprendido. Teoría hay mucha, pero práctica poca. Y siempre había pensado que ser auténtica tenía mucho más valor que ser hipócrita. Que siempre era más valioso decir algo en la puta cara, que ocultarlo tras una sonrisa. Y ahora me he dado cuenta que ser hipócrita es algo necesario, y que tu sinceridad sólo la merecen unos pocos.

Parece mentira que tras todos los palos y golpes que me he llevado por esta maldita sociedad no haya aprendido a ponerlo en práctica.

Pero esto va a cambiar. De hecho, ya ha cambiado.

Antes lo llamaba falsedad, hipocresía. Ahora lo llamo supervivencia.

Bienvenida a mi vida de nuevo. No te preocupes, no profundizarás en ella. Te mantendrás en la superficie...

Donde yo quiera que estés. Sabrás lo que yo quiera que sepas. Me dirás lo que yo desee oír, porque no tienes cojones de decir algo malo de mí en mi propia cara, sin una pantalla de por medio.

Y por supuesto... Guarda tus cuchillos, porque esta vez pienso devolverte todos y cada uno de los que me lances.

¿Y sabes por qué?

Porque para mí no vas a ser más de lo que yo soy para ti : un puto entretenimiento.

Bienvenida a tu propio juego.

Empezamos.

miércoles, 9 de enero de 2013

Fin de una etapa

Hace mucho, mucho tiempo que siento mi vida vacía. Que siento que nada merece la pena, que la felicidad es efímera, que nada es eterno.

Por fin, hace un año que me he ido dando cuenta de que la felicidad realmente existe, que la vida merece la pena, y que existen personas maravillosas dispuestas a ser felices y sufrir contigo; pero sobre todo, que siempre hay alguien dispuesto a convertir tus lágrimas en sonrisas.

Y ese alguien eres tú.

Gracias, por ayudarme y enseñarme a poner fin a una de las peores etapas de mi vida.


Y no vuelvas, nunca más. Al fin empieza un nuevo capítulo en mi historia, en la historia de mi vida. Y sé que esta vez será totalmente diferente. Esta vez no veré la vida de color negro, nada de eso.

Empiezo a verla de color rosa.

viernes, 4 de enero de 2013

La vida contigo es un sueño

Acostarme en la cama echándole de menos. Quedarme dormida echando de menos sus caricias, su olor, su voz.. No me queda más remedio. Me consuela saber que cuando termine lo que está haciendo vendrá a hacerme compañía.

Despertarme con el suave movimiento de las sábanas. Al fin ha terminado y viene a quedarse conmigo. Se acuesta a mi lado con cuidado, intenta no despertarme; aunque llevaba tanto rato queriendo que llegase que no despertarme era una pretensión bastante imposible, sobre todo teniendo en cuenta que para acostarse a mi lado tendría que pasar sobre mí tratando de no pisar mis pies.

Escucho sus suspiros, como si tratase de decir "al fin he podido acostarme en mi cama" pero se lo callara, y se dibuja una sonrisa en mi cara. Necesitaba tanto que llegase. Lo echaba tanto de menos.

Me acuesto de lado, de cara a él y me pego a su cuerpo, cerrando los ojos. Respiro ondo, aspirando su aroma y disfrutándolo al máximo. Es como si me diese fuerzas. Necesitaba profundamente su presencia, y al fin estaba conmigo.

Le susurro que le quiero, aunque no estoy segura de que me haya escuchado. Veo que en su cara se dibuja una sonrisa fugaz y me achucha un segundo. Para mí eso es suficiente para poder seguir durmiendo tranquila.

Pego mi cara a la piel de su brazo, tan fría en contraste con mis mofletes calentitos. Me encanta sentir el frío si procede de su piel. Es como si fuese distinto. Como si fuese menos molesto que el frío normal. Supongo que me gusta tanto abrazarlo y estar cerca de él que inconscientemente intento restarle importancia, hasta el punto en que me resulta realmente agradable.

No han pasado ni cinco minutos y ya puedo escuchar sus primeros ronquidos. Cada vez que lo escucho roncar me sobrecoge una gran paz y alegría. Me alegra que duerma plácidamente, se lo merece tras una noche de trabajo. Y me encanta que sea a mi lado.

Por fin mi niño ya está conmigo, durmiendo como un tronco, con su dulce boquita abierta, la pierna suelta y ofreciéndome su enorme brazo como almohada. Ahora sólo es cuestión de tiempo que pueda dormirme...

Buenas noches, mi amor.

jueves, 3 de enero de 2013

¿Año nuevo? Vista atrás

Este ha sido un año lleno de cambios.

Hace dos días fue el cumpleaños de una persona muy especial para mí.

Es extraño para mí escribir en este espacio tratando de hablar de él, pues teniendo en cuenta que este espacio sólo lo lee él (si cabe) es difícil para mí no dar por hecho en mis escritos que cada una de mis palabras se dirigen a él, aunque no siempre sea así. Y tan sólo escribo esto porque cuando lo he pensado me ha sacado una sonrisa. "Qué irónico, si esto sólo lo va a leer él, sin tener en cuenta los millones de veces que lo leo yo tras escribirlo, ¿para qué lo escribo así?".

El caso es que me gusta escribir de esta forma porque me ordena las ideas, o como yo digo (o más bien pienso), me ordena la cabeza. Esa cabeza loca que parece que cada día trabaja peor.


Este año han cambiado tantas cosas que pensé que nunca cambiarían...

Realmente, este cambio comenzó antes. Exactamente comenzó hace un año, cuatro meses y veinte días. Sí, los he tenido que contar con ayuda de un calendario. Fue, exactamente, el 14 de agosto del 2011.

Un día muy especial para mí. Porque fue el día en el que iba a comenzar el cambio de mi vida. Ese giro de ciento ochenta grados que tantísimo necesitaba. Y la persona que lo oportunase iba a ser alguien muy especial.

Mi vida siempre ha sido como ese fantástico circuito de fichas de dominó que tanto ansiamos ver en diciembre. El 14 de agosto fue el gran día en que decidí darle el pequeño impulso a la primera ficha, y desde entonces, tan sólo he tenido que esperar que el resto caigan por sí solas. Por inercia. Con la misma fuerza que la primera.

En tan sólo un año, cuatro meses y veinte días he cambiado totalmente, tanto que ni siquiera reconozco a mi antigua yo. He pasado de vivir llorando, a sonreír mientras escribo esto.

He aprendido mucho este último año. He aprendido que... las cosas nunca son como parecen. Bueno... la mayoría de las veces, más bien.

He aprendido que las personas pueden cambiar a bien. O mejor dicho, dejar sus complejos atrás y resaltar sus virtudes, abandonadas en el fondo de un corazón frío que vuelve a latir con paciencia, amor y tiempo.

He aprendido que, cuando menos lo esperas, llega alguien que mira a través de ti y te da una segunda oportunidad. Y quién sabe si una tercera o cuarta, aunque prefiero no comprobarlo.

He aprendido que la persona de la que menos esperabas una traición puede hacerte más daño que cualquier otra persona, tal vez incluso sin intención de hacerlo. Y la verdad es que es la traición que más duele, la de la persona que siempre estuvo contigo mientras los demás te traicionaban.

He aprendido que la gente que menos esperas es la que tiene los brazos abiertos para ti.

He aprendido que los viejos amigos siempre te sacan una sonrisa, pase el tiempo que pase.

He aprendido que el pelo corto me sienta mejor que el largo. Que mi castaño natural me sienta mejor que el rubio pollo, y que un buen corrector de ojeras y una buena base me sienta de maravilla para tapar ese blanco muerto que tengo por cara. Y que quepo en unos leggins de "Bershka".. Esto último no termino de creérmelo.

He aprendido que, por más en serio que quieras hablarle a tus padres, siempre te tomarán a cachondeo.

He aprendido que hay cosas que nunca cambian. Como la estupidez de mi hermano, que ni crece ni disminuye, sino que se mantiene intacta.

He aprendido que la vida puede pasar de ser horrible a ser preciosa con el mero hecho de cambiar de aires o de compañía.

He aprendido que la vida sólo puede ser horrible si te rodeas de gente que no te quiere. Los que te quieren siempre te sacan una sonrisa, incluso en el fin del mundo. Que te den, 21 de diciembre.

He aprendido a valorar la vida. He aprendido a valorar lo que tengo, gracias a ti.

Mi niño precioso de 22 años y 2 días.

Por otro lado, este año ha aparecido en mi vida alguien muy especial. Jamás pensé que podría querer tanto a una cosita tan pequeña.

Hablo de Kero, por supuesto. Mi pequeño hurón, que vino destetado prematuramente y creciendo a base de pan mojado en leche y lonchas de chorizo y salchichón, y ahora es un osote formato longaniza precioso. Gracias a él he aprendido a tener coraje, perseverancia, y la valentía de dejar la mano pese a saber que me esperaba un gran mordisco. Sólo él podría haberme enseñado a tener esa paciencia. Sóooolo él. Yo soy más de enseñar a los demás a tener paciencia, como con mi nene, que tiene el cielo ganado por aguantarme tanto. Pero Kero me ha enseñado a tenerla a mí, todo un logro.

Kero me ha enseñado que por no ser más grande no se tiene el corazón más pequeño. Me ha sacado grandes carcajadas con pequeños actos, y se ha acurrucado en mi regazo y me ha hinchado a lametones cada vez que me he enfadado con mi niño. Ha sido, y es, un gran apoyo cuando más lo necesito. Todas las lágrimas derramadas por sus comportamientos fuera de lugar y sus mordiscos han merecido la pena, pues ahora tengo un gran compañero peludo.

Despertarte por la mañana e ir a verlo. Meter la mano en su cubito de peluche, y ver que está frito y enroscado dentro. Que se despierte un poco y haga quejiditos mientras lo acaricias, para meterse tu mano en la boca y mordisquearte un poco los dedos y lamerte a modo de saludo. Que salga a saludarte con esa carita adormilada, se estire en el césped y vaya en busca de tus pies para jugar un rato. Y tras jugar, que se quede dormido en tu regazo. La verdad es que no tiene precio.

Por otro lado, y volviendo al aprendizaje, este año he aprendido que no debo volar más con Vueling. Estoy segura que fue una señal divina para que no vuelva a arriesgarme la vida con ellos. Segurísima.

Otro hecho insólito es que este año ha sido la primera vez que me he pegado un viaje de cuatro horas y media (retraso del avión incluido) para estar tres días con la persona que amo. Aunque debo reconocer que, pese a haber acabado con dos horas de coche extras, mareo y vómitos incluidos, mereció la pena. Si sólo hubiese ido para darle un beso y volverme, también la habría merecido. Así que no me quejo.

Qué más, qué más... ¡Ah, sí! Creo que ha sido la primera vez que he jugado a una Play 3. He de reconocer que la noche de Domino's, Tekken, Assassins Creed 3 y mi amor fue sublime. La repetiría cada noche del resto de mi vida. Aunque creo que no puede compararse a la última noche que pasé contigo. Aquel día.. Aquella noche..

Creo que fueron los más felices de mi vida, pese a las lágrimas. De hecho, creo que fueron perfectos precisamente por eso último.

Sentí una atención, un cariño y una comprensión que no creo haber recibido nunca. Porque tú.. Estabas distinto. Estabas vulnerable.
Y siento confesarte que.. me gustaba. Aunque no sea lo propio. Me gustaba saber que tú sentías lo mismo que yo, en todos los sentidos. Que no eras tan frío. Sentí que confiabas en mí como.. Como nunca lo habías hecho. Que una parte de tu corazón que siempre había permanecido cerrada con llave, de repente se abría. Y aquello fue una sorpresa para mí, porque yo siempre había querido eso. Yo siempre había querido que entre nosotros hubiese esa confianza y complicidad, capaz de olvidar por un momento las vergüenzas o complejos y llorar. Llorar a moco tendido, abrazados, sin vergüenza de que te vea el otro. Para mí aquello fue un sueño hecho realidad. Y aunque probablemente no lo hiciste a propósito, aunque probablemente tú no quisieses que yo te viese así... Te doy las gracias por ello. Porque para mí fue muy importante.

Y por último, he aprendido que cuando pensé que no había 'mote' cariñoso más tierno que "peque", comenzaste a llamarme "petita".

En definitiva, este último año ha sido muy significativo para mí. Y aunque han influido muchos, el que ha hecho posible todo esto has sido tú, mi peque. Porque si no hubieses aparecido en mi vida, yo no habría aprendido. Habría visto las cosas pasar, sin darles valor. Y eso es algo que no me podía permitir ni un día más.

Feliz cumpleaños/año nuevo... Y por mi bien, que sean muchos más juntos.

Probablemente por tu bien sería que salieses corriendo, pero a mí no me conviene, ¡¡¡así que no lo hagas!!! Y sigue aguantándome muchos años más :$

Te quiero.

Gracias por encontrar SIEMPRE la forma de sacarme una sonrisa.