lunes, 23 de diciembre de 2013

No eres la excepción de nadie...

Toda mi vida he mendigado atención. Siempre me he lanzado a los brazos de la primera persona en la que sentía que podía confiar y he abierto mi corazón, con todo lo que ello conlleva, dejándome completamente expuesta. Dando el desmesurado poder de herirme y hacerme feliz a la persona equivocada. Sirviendo en bandeja de plata la respuesta a las preguntas "¿cómo puedo hundirla y no dejar que se levante jamás del golpe que le propine?" y "¿cómo puedo hacer que se convierta en la persona más feliz de este mundo?".

Y no importaba cuán fuerte fuese el golpe. Siempre encontraba alguien que me abrazase y a quien brindar el mismo poder. Siempre había alguien a quien podía contarle todos mis secretos, mis preocupaciones, mis problemas, mientras lloraba en sus brazos.

Siempre he sido así con mis amigos, con mis parejas. Porque soy una persona que necesita estar con alguien. Que necesita no sentirse sola. Que necesita saber que hay alguien dispuesto a escucharla... no importa la hora, ni el lugar. Soy una persona dependiente, que necesita que otras la ayuden para sentirse completa.

Y ese "siempre" se ha detenido, por primera vez. Porque tras tres decepciones seguidas en un espacio tan corto de tiempo siento que no puedo más. Que no quiero. Que no estoy preparada para que me propinen otro golpe. Y tengo miedo.

Tengo la posibilidad de conocer a alguien fantástico justo delante de mí y... decido no cogerla. Porque no puedo. Porque no puedo volver a confiar en alguien que me traicione poco tiempo después y me haga aún más daño. Porque es pensar en tener la misma confianza que con las demás y... me rompo. Echo a llorar y me doy cuenta de que, por primera vez en mi vida, siento que no estoy preparada para tener otra amiga. Que no estoy preparada para volver a darle a alguien mi propio arma homicida.

Y me paso los días en mi habitación, sin salir, completamente a oscuras frente a mi ordenador intentando olvidar el dolor que siento por decepción tras decepción... sin contarle mis problemas a nadie. Porque no puedo confiar en nadie.

Cuento los días que faltan para que pueda hablar con un especialista que no pueda traicionarme, que no pueda hacerme daño, que no pueda usar mis secretos contra mí porque forma parte de lo que le da de comer. Porque el "no gana nada hiriéndome" ya no me sirve. Nadie gana nada haciéndolo y todos lo hacen.

Necesito encontrar otra forma de llevar mi vida, de tener amigos, de conocer gente. Necesito aprender a no contar mis problemas a los demás, de solucionarlos yo sola sin ayuda de nadie, sin que nadie me escuche llorar y me diga "no te preocupes, Marina, todo va a salir bien". "Llora, Marina, llora. Desahogarte es bueno. Esas personas no merecen ninguna lágrima tuya".

Necesito encontrar la forma de ser feliz sin necesitar oír mentiras de personas que supuestamente me quieren... y dejar de creer que me quieren.

Porque no, Marina, no te engañes...

No te quieren. No eres la excepción de nadie. Y, sobre todo... no puedes confiar en nadie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario