"No puedo. No puedo hacerlo, y aunque pudiese no sé qué hacer. Dios mío, ¿qué hago? Me siento tan débil. Tan frágil, tan... sola. Estoy tan sola..."
Y de repente apareció él. Como un tornado, arrasando con el mundo que conocía. Arrasando con todo en lo que creía. Con todo lo que pensaba que estaba bien. Con su falsa sonrisa de satisfacción, ocultando todos sus problemas tras ella para que no afectasen a mi opinión. Pobre iluso, su alma era tan bella que habría brillado incluso si los hubiese mostrado. Me habría fijado en esos ojos incluso si su aura fuese tan oscura como la ceniza y tan densa como la niebla.
"Oye, ayer me quedé pillao. Estabas muy guapa :3"
"¿Ah, sí? Gracias."
"Sí, menudo cambio. Aunque te prefiero despeiná y con las gafas y el cuarto hecho una sajurda :3"
No puede ser real, no puede. No existe alguien tan perfecto. "Me tienes idealizado", decía. No puedo idealizar lo que me hace sentir cuando hablo con él, cuando aparece en mi mente. Me hace sentir valiente. Eso no puede idealizarse, eso se siente o no se siente. Y yo lo siento, vaya que si lo siento. Recorre todo mi cuerpo como un calor incesante que me llena de coraje y de decisión. Me llena de amor por él. Y hacía tanto, tanto tiempo que no me sentía tan feliz...
Sí puedo, claro que puedo. Y ahora sé exactamente qué tengo que hacer, y cómo he de hacerlo. Me siento fuerte, soy fuerte. Ya no estoy sola. Le tengo a él, y... me tengo a mí misma. Al fin he recuperado quién soy, cómo soy. Y no estoy dispuesta a perderme de nuevo. Se acabó. No quiero volver a verte, no quiero volver a saber nada más de ti. No quiero que vuelvas a mirarme, ni a mí ni a los míos. No quiero tenerte en mi vida. Y al fin tengo fuerzas de decírtelo a la cara, sin miedo a lo que puedas hacerme, sin miedo a lo que pueda ocurrir después. Al fin tengo fuerzas de marcharme... para no volver. Para echarte y no dejarte regresar. Vete, dame la llave y no vuelvas. Yo lloraba cada día, durante semanas, durante meses, durante años, y nunca te importó. Nunca me escuchaste, nunca me abrazaste, nunca me consolaste ni mitigaste mi dolor. Así que vete, y guárdate tus lágrimas de cocodrilo para quien te crea. Guárdatelas para quien crea que sigue habiendo un atisbo de bondad en tu podrido corazón.
Si alguna vez vuelvo a perderme... quiero que sea en su mirada.
Me llenas de calma, y al mismo tiempo desordenas mi mundo. Te quiero, peque. Gracias por existir... nunca podré terminar de agradecerte todo lo que has hecho por mí, toda la felicidad que me has brindado, toda la confianza que depositaste en mí desde el principio. Justo por eso eres lo más importante que tengo en la vida... y no existe palabra que pueda describir lo que siento por ti, porque es imposible siquiera comprenderlo. Pero tampoco es algo que me preocupe, porque... ¿para qué describirlo cuando puedo demostrártelo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario