domingo, 23 de diciembre de 2012

Perdida en la nieve


Esa sensación de impotencia... Ese sentimiento de inseguridad, de dolor, de querer llorar todo el día y dormir del cansancio para no volver a despertar. Ese pensamiento de que no le haces falta a nadie, que se convierte en una realidad.

Esa consciencia de que no eres necesaria en ningún lado, de que eres una inútil que no sirve para nada. Ni siquiera para aguantar dolor, o para disimular tu tristeza. Una inútil que nada sabe, que nada hace.

Saber que sobras, y engañarte en sus palabras intentando autoconvencerte de que son ciertas, pese a que no lo son. Pese a que la verdad es otra, la verdad duele. Duele mucho.

Me derrumbo. Tal vez esto me queda grande. La verdad es que no quiero rendirme, quiero continuar, pero no puedo seguir sus pasos. Demasiado rápidos, demasiado lejanos. Necesito más tiempo. Necesito una mano amiga que me levante y me ayude a proseguir el camino. Pero ni siquiera la suya me es prestada. Ni siquiera él confía en que pueda seguir sus pasos, y ni se molesta en ayudarme. Él tiene demasiadas preocupaciones como para pensar en mí. Lo que me hace sentirme como la peor basura existente en este planeta, y en los otros muchos que hay. Como la peor mierda que se ha cagado jamás, precisamente.

Y me encuentro en un gran valle de nieve, totalmente sola con un camino de pasos por delante, pasos que se van borrando con el tiempo y los nuevos copos que caen sobre ellos. Y me encuentro exhausta, no puedo más. Necesito un poco más de aliento, un pequeño empujón que nadie es capaz de brindarme. Y no sé si sola podré con esto. Tal vez consiga levantarme por mi propio pie pero, en caso de que lo haga, ¿seguirá ese camino de pasos visible? ¿Podré seguir por donde me quedé?

Probablemente sea demasiado tarde.

Y no quiero rendirme. No voy a rendirme. Eso lo tengo muy claro. Pero es duro ver cómo el creador de esos pasos es el que va borrando su propio camino para que yo no pueda seguirlo. Es duro ver cómo es él quien cada vez corre más deprisa para que no pueda seguirle el rastro.

Es duro ver cómo al derrumbarte, tú eres la culpable de todo. Porque tú no tienes derecho a estar cansada, no tienes derecho a querer gritar de la rabia, no tienes derecho a opinar, ni a pedir ayuda, ni a ayudar, ni siquiera a llorar y lamentarte por la mierda en la que te estás viendo metida, porque tú has elegido seguir ese camino. Y este hecho no te da derecho a nada, más que caminar y callar.

Tan sólo puedes gatear si no puedes levantarte. Con una gran sonrisa, secando tus propias lágrimas y procurando que nadie se de cuenta de tu retraso. Que nadie se de cuenta de que te cuesta andar. Y proseguir el camino cojeando, o arrastrándote si hace falta.

Todo, con tal de ponérselo más fácil al creador del camino. Todo, con tal de no recibir desprecio por su parte. Todo, con tal de no sentirte peor de lo que ya te sentías porque eres una egoísta al llorar.

En este viaje la única opción es callar, sufrir en silencio y proseguir. Siempre que no quieras abandonarlo, claro. Y yo no quiero ni quedarme atrás, ni callarme. Quiero seguir a su lado, con su apoyo, y brindarle el mío siempre que pueda.

Pero en esta vida no se puede tener todo. Menos aún si tan sólo eres una niñata inmadura y egoísta que no piensa en nadie sino en sí misma al llorar buscando un poco de consuelo en la persona que más ama y necesita en el mundo.

sábado, 13 de octubre de 2012

Adiós


Amaya García: Muchísimas felicidadeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees!!!
cuanto tiempo hace ya que nos conocemos? 6 ó 7 años? quizás un poco menos, pero qué mas da, recuerdo cada cada cada día, cada palabra, cada lágrima que derramamos juntas
recuerdas?
Te quiero tia, 
siempre te llevaré dentro <3



Pues sí, de hecho hace más. Pues este mensaje lo escribiste el año pasado, y todavía pienso en él.

He leído tantos mensajes. Tantos, tantos, mientras los he ido borrando.

No puedo evitar pensar en aquellos tiempos, y compararlos con el presente. Se hace más sencillo de esta forma darte cuenta de lo muchísimo que han cambiado las cosas. De lo mucho que has cambiado tú, y de lo que han cambiado los demás.

Es curioso todo lo que significaste para tantas personas, y todo lo que significaron ellas para ti. Y ahora, nada significa nada. Tan sólo los recuerdos significan algo, la nostalgia.

Tantos "te quiero" que no volverán, tantas risas, tantas lágrimas. Tanto amor que sentiste y se esfumó. Tanto amor que recibiste y que ya no volverá.

Echo de menos todo aquello, pero por más pena que me de, debo decirle adiós. Cada día soy más consciente de que aquello se terminó. De que es una página que debo pasar para empezar otro capítulo de mi vida. Pero me da tanta pena. Me da tanto miedo que esa página se arrugue, que no quiero hacerlo.

No he querido hacerlo, hasta ahora.








Adiós. Os quiero.

martes, 14 de agosto de 2012

¿La felicidad se agota?


Ya nada es igual. Todo es diferente. No sé si has cambiado tú, o he sido yo. No sé si tu humor es cada vez más estúpido, o es que yo estoy cada vez más amargada, pero ya nada me hace gracia. Todo me duele. Y siento ganas de llorar cuando me sueltas comentarios que tal vez sean broma, pero que yo siento despectivos, sobre todo relacionados con el sexo. Y ya no me rio. Y cuando lo hago no pasa mucho tiempo hasta que todo se jode, y quiero llorar. Quiero llorar porque nada es igual, porque todo es distinto, porque parece que nunca volveremos a ser los de antes. Porque hay un antes y un después, y el antes era mejor que este presente. Porque ya no siento que me quieras como antes, me siento menos querida, tan solo deseada. Porque me quedo esperándote con toda la ilusión del mundo echándote de menos, queriendo estar contigo, y cuando llegas de una forma u otra se jode, y se me quitan las ganas de seguir aquí. No sé qué hacer. No sé si tiene solución. Ya nunca podemos hablar sin que alguno de los dos se ofenda. Ya nunca podemos hablar sin que se me escape alguna lágrima. Ya no existen los días de felicidad y paz. Ya no. Y eso me duele. Porque con suerte tan sólo un día a la semana llegamos a estar realmente bien. Como ayer. Y antes era al contrario; como mucho era un día a la semana el que nos cabreábamos el uno con el otro, o el que llorábamos.

Puede que sea culpa mía, puede que no. Pero si lo es, dime qué puedo hacer para cambiarlo. Porque quiero ser feliz contigo. Porque te quiero, y haré cualquier cosa que esté en mi mano para arreglarlo.

Porque sé que todo puede volver a ser igual que antes.

Porque quiero hacerte feliz.

¿O es que acaso tiene la felicidad fecha de caducidad?

La nuestra no.

Confianza


- Marina, voy a decirte una cosa que no va a sentarte bien.
- Dime papá.
- Te está pasando igual que con Raúl, te vuelcas demasiado en tu pareja y tu vida no debería girar en torno a otra persona, o en torno a una sola cosa. Dependes demasiado de él.
- No dependo de él. Es solo que no tengo nada en qué volcarme, excepto en él. Y soy feliz así.

Y esa es mi triste realidad. No tengo nada, absolutamente nada más que a ti. Y cuando no te das cuenta no importa, porque estás bien así. El problema es cuando alguien te abre los ojos, y hace que te percates de ello.

Ésto me hace plantearme qué he hecho para estar tan sola. Siempre he vivido así, debería estar acostumbrada. El problema es que encuanto aparece alguien nuevo en mi vida me vuelco demasiado, y demasiado rápido. Tan rápido que no tardan en decepcionarme, y no paro de sentirme herida, cada vez por alguien distinto.

¿Qué he hecho para estar tan sola? ¿Para sentirme tan vacía? ¿Para tener que buscar mi identidad en otra persona? ¿Qué he hecho para no conservar a nadie a mi lado? Tan sólo un amigo lejano en quien ya me cuesta confiar.

¿Por qué te siento tan lejos? Me siento lejos incluso de mí misma. Ya no sé qué hacer para darle un poco de sentido a mi vida. Lo único que me hace posar mis pies un poco en el suelo eres tú, son mis planes de verte. Y aunque ahora es suficiente... ¿Qué pasará cuando no lo sea? ¿Cuando pese a tenerte a mi lado, me siga sintiendo vacía? ¿Qué haré entonces?

¿Qué haré cuando te alejes de mí, y ni siquiera tú quieras permanecer a mi lado? ¿Qué haré cuando me vuelva insoportable para ti? ¿Qué haré cuando me quede sola?

No sé si seguir teniendo esperanzas en encontrar algún día alguien que quiera estar conmigo sin pretensiones, solo porque le guste y le caiga bien, y quiera compartir cosas conmigo. Salir a dar una vuelta, ir al cine, tomar unas copas, contarnos secretos, pasarlo bien...

Tener un verdadero amigo.

Creo que ya no tengo esperanzas en ello. Ya no sé confiar en nadie, ni siquiera en mí. Solo en ti. Y tengo miedo de perder la única persona en la que confío.

Tú... ¿Confías en mí?

domingo, 15 de abril de 2012

Se acabó

¿No lo entiendes?

Yo jamás podría odiarte.



Y con estas palabras, le solté al vacío.

Por favor, no te rompas al chocar.

Estaré bajo el acantilado, con los brazos abiertos, para cogerte cuando toques fondo.

Te quiero.

viernes, 6 de abril de 2012

Ilusiones

A veces no sé qué es mejor, o peor.

No sé si es mejor imaginar una vida contigo, o sin ti. Más que nada porque soy completamente consciente de que dolerá más la caída si tengo ilusión ahora. Pero no puedo evitarlo.

Una vida contigo, piel a piel, día a día. Llamándote al fijo y diciéndote que estaré en tu casa en quince minutos. Escuchando cómo me replicas, porque quieres recogerme con tu coche para ahorrarme el autobús. Sonriendo cuando sé que tú también lo estás haciendo en ese momento, porque he accedido a tu réplica.

Soy feliz imaginando pequeñas cosas, pequeños detalles. Detalles que me desgarrarán si no se hacen realidad en un futuro. Y por ello intento mentalizarme de que no debo pensar en ellos.

Pero realmente soy feliz haciéndolo. Y no sé si debo disfrutar ahora, o huír. Huír cuanto antes para que la caída no sea tan pesada.

No sé qué es lo correcto, así que supongo que me dejaré llevar.

Con la esperanza de que se hagan realidad, y no tenga que sufrir ninguna caída.

Te quiero.

sábado, 24 de marzo de 2012

Lo siento

¿Sabes qué?

Sé que tengo una vida perfecta. Sé que debería ser feliz. Sé que no tengo motivos para ser infeliz, porque lo tengo todo.

En cambio, la mayoría del tiempo no lo soy. Y no hablo de una felicidad fugaz. Hablo de, simplemente, esa sensación de bienestar general que te acompaña durante la vida. Yo no la tengo.

Y además, sé esto desde hace mucho tiempo. Hace mucho que asumí que no soy feliz. Y que, posiblemente, jamás lo sería; porque, si teniéndolo todo no lo soy, ¿qué me falta? ¿qué necesito?

O eso pensaba, hasta que te conocí. Y ahí fue cuando me di cuenta de que las cosas pueden cambiar.

Yo solo fui feliz cuando era pequeña; cuando era una niña inconsciente, que solo piensa en otro mundo ajeno a este. Una niña que nunca piensa en la realidad. Tan solo existe la fantasía.

Y, en cambio, tras conocerte me he sentido muy feliz en muchas ocasiones. He sentido cosas que jamás pensé que sería capaz de sentir. He sido feliz, de verdad.

Y creo que no existe cosa más grande que esa. No existe nada mejor que levantarme contigo cada mañana, mientras las sábanas huelen a ti. Nada mejor que acostarme abrazándome fuerte a ti, a tu pecho, para entrar en calor. Nada mejor que escucharte riendo desde el salón. Nada mejor que ir por la calle cogiendo tu mano, y mirando tu sonrisa cuando sientes que mi mano roza la tuya en primer lugar. Porque tú tal vez no te das cuenta, pero cuando estamos juntos, tu cara es una sonrisa constante. Y eso me encanta. Y, sobre todo... No existe nada mejor que recordarte mientras escribo esto con una gran sonrisa en la cara.

Porque, en mi vida, jamás ha existido algo mejor que conocerte.

Y por eso no entiendo cómo pueden ser así las cosas.

Cuando no estás bien, cuando te sientes mal, independientemente de que sea mi culpa o no, mi mundo se derrumba. Mi mundo se viene abajo, y siento impotencia al no saber qué debo hacer para, aunque sea, aliviar tu dolor. Aliviar tu tristeza.

Y cuando es mi culpa... No lo entiendo. Me frustro, porque la mayoría de las veces no sé qué he hecho que haya podido hacerte daño. Y este es el peor dolor que he sentido jamás. No comprendo cómo, siendo tu felicidad la mía, puedo ser capaz de hacerte tanto daño; sin querer hacerlo.

Pero lo hago.

Y te pido perdón por ello, pero no sé qué hacer. Daría mi corazón por devolverte la sonrisa que te he quitado, pero ya ves que las cosas no son tan fáciles. Así que, cada semana, me encuentro ante la impotencia y frustración de ser completamente consciente de que no sé hacerte feliz.

Y eso no hace más que hacerme pensar que yo no soy lo mejor para ti. Pero quiero intentarlo.

Porque te amo, y eres lo único que le da una chispa a mi vida para que ésta siga funcionando.

Eres lo único que me motiva a levantarme de la cama. Y lo peor es que, aunque sea una frase que utilicen muchos, en mi caso sabes que, por desgracia, es así.

Me tiraría toda mi vida tirada en mi cama, sin hacer absolutamente nada, sólo mirando al techo con una bolsa de chocolate, y tres paquetes de pañuelos, y llorar hasta que mi cuerpo se secase. Pero tengo que ser fuerte. Tengo que seguir adelante.

No sin ti.

Te quiero.

Podremos seguir adelante juntos.

Perdóname, cariño. Lo siento.

jueves, 9 de febrero de 2012

Contigo

No importa lo que estemos haciendo. No importa en absoluto.

Puedo pasarme horas contigo sin hacer absolutamente nada; en silencio, tirada en la cama… Y soy tan feliz.

Me cuesta tanto dormir cuando no estoy contigo. Me cuesta tanto vivir sin ti a mi lado. Me cuesta tanto tenerte tan lejos…

No importa que no hables; no importa que no hagas nada. El mero hecho de saber que estás ahí me calma y me hace sentir bien. De repente ya puedo dormir.

Me invade tanta calma, tanta paz cuando estoy contigo.

Eres justamente lo que necesito.

domingo, 22 de enero de 2012

Recuerdos

Recuerdo aquellas noches. Aquellos días.

Envueltos en las sábanas, tirados en la cama solo con la ropa interior, o una camiseta.

Echo de menos tu aliento de recién levantado. Tu aroma a dulces sueños.

Echo de menos tus besos de caramelo. Tus caricias, que me hacían estremecer, y al mismo tiempo me transmitían tanta calma...

Echo de menos quedarme tirada en la cama mirándote, mientras duermes.

Echo de menos usar tu brazo o tu pecho de almohada, y tus ronquiditos de nana de cuna.

Echo de menos despertarme cada mañana sintiendo cómo te acercas a mí y te abrazas a mi cuerpo por la espalda.

Echo de menos mirarte mientras duermes, besarte y ver cómo se dibuja una sonrisa en tu cara y te vuelves a dormir.

Echo de menos tus mejillas calentitas al recién despertar.

Echo de menos besar tus labios, abrazarte, acariciarte, apoyar mi cabeza junto a tus piernas mientras miras el PC y abrazarme a ti.

Echo de menos comer contigo a mi lado, y sorprenderte mirándome mientras como.

Echo de menos pasear contigo, cogida de tu mano.

Echo de menos montarme contigo en tu coche y poner mi mano en tu pierna, mientras me relajo escuchando tu música.

Aunque parezca mentira, echo de menos rebuscar las monedillas en mi monedero para los peajes a contrarreloj y dártelas corriendo.

Echo de menos esperarte en la calle sabiendo que vas a recogerme, que te estoy esperando a ti.

Echo de menos aquella vez que me lamiste la comisura mientras comíamos porque me había manchado.

Echo de menos sentirme tan querida como me sentí estando contigo.

Echo de menos tu atención, tu cariño, tu ternura.

Echo de menos oír tu voz en mi oído, sentir tu aliento en mi cuello, sentir el calor de tu cuerpo fundiéndose con el mío.

Te echo tantísimo de menos.


Te quiero.

jueves, 19 de enero de 2012

Me estoy volviendo loca

Risas, llantos, miradas.
En mi cabeza se reproducen tantas cosas.

Tantas cosas que solo quieren herirme.



Una mujer. En su cama. Y él mirándola.

Con la misma mirada que pone sobre mí.

Desnudos. Sudando. Gimiendo. Un "te amo" en el aire...



Un cuchillo. En su cráneo.

Todo está lleno de sangre. Y escucho sus gritos, su voz, mientras agoniza.

Pero mi padre ya no respira.



Ella está en una cama. Medio volcada.

Me está mirando.

Pero eso no es una cama, es un ataúd. Y ella no respira;

mi abuela está muerta.



Mi cara, reflejada en el espejo.

Me está mirando, y sonríe. Pero yo no he sonreído.

Mi propio reflejo me agarra del cuello y aprieta.

Estoy gritando, pero no puedo escuchar mis propios gritos.

Ya estoy muerta. He estado muerta todo este tiempo.



Acabo de despertar. Abro los ojos, y veo una chica.

Acostada en mi cama. Con los ojos muy abiertos, mirándome fijamente.

Tiene la boca muy abierta, como si quisiese gritar.

Es rubia, pero el color de su pelo se confunde con el rojo de su sangre,

que ha mojado toda mi almohada.

Soy yo. Esa chica soy yo...



Lloro, lloro y lloro.

Mi madre al llegar me pregunta si he llorado.

No, mamá. No he llorado.

Tienes los ojos rojos.

Será del calor, la verdad es que me duelen mucho.

¿Y los pañuelos?

Estoy resfriada mamá.



Vete, por Dios, vete. No quiero que te imagines siquiera que tu hija está loca.

¿Dije loca?...

No estoy loca.


...


Me estoy volviendo loca.


Perdida

Me siento completamente perdida.
Miro a todos lados y no encuentro nada.
Todo desierto, todo agua, todo arena.
Y no varía.

Todo es luz.
Todo es oscuridad.

No sabría definir su color,
solo sé que nada varía; que todo es uniforme.
Todo es igual.

No hay absolutamente nada a lo que agarrarme.
No tengo absolutamente nada sobre lo que caminar,
nada que se diferencie del resto para guiarme,
o indicarme dónde estás.

No tengo absolutamente nada...

Y de repente apareces tú.

Una pequeña luz que ilumina toda mi oscuridad;
una pequeña sombra que oscurece toda mi luz;
un pequeño río que humedece mi arena,
una pequeña isla en mitad de mi océano.

Y me puedo agarrar a ti.

Cerrar los ojos... Y no pensar en nada.


Tenía tanto, y me quedé vacía, y sola.
Tal vez lo merezco, tal vez no.

Solo sé que les hice daño,
y esto me perseguirá toda mi vida.
Si bien no es en mi vida cotidiana,
me perseguirá en mi propia cabeza.

Las personas que me quieren dicen que no merece la pena,
que hice todo lo que pude para que me perdonasen.
En primer lugar no debí hacerles daño,
aunque de nada me sirve lamentarme ahora por ello.

Las personas que me quieren dicen que no merece la pena,
que si me hubiesen querido me habrían perdonado desde el primer momento
y ahora, cuando más las necesito, estarían a mi lado.
Pero yo no me merezco su apoyo, su ayuda o su perdón.

Jamás debí hacerles daño.

Y por otro lado creo que fue necesario cometer aquel error.
Tal vez si no lo hubiese hecho ahora todo sería distinto.

Y en ese caso... ¿Sería mejor, o peor?

La verdad es que no lo sé.
Me siento tan perdida...


Y de repente apareces tú, y me iluminas el camino.
Disipas de mi cabeza todo aquel veneno que la pudre,
y haces que solo piense en salir de este agujero que es mi mente.



Mi mente envenenada... Que me está matando poco a poco.




Tal vez debería volver al psicólogo.

No puedo con esto sola.

martes, 17 de enero de 2012

Calma incesante

Me llenas de calma, y al mismo tiempo desordenas mi mundo.

Busco un orden indestructible que me haga sentir bien, pero no paran de chocar las olas, y me arrastra el mar.

Mi mundo se desmorona con solo una frase, una palabra, una mirada. Y eso me hace sentir demasiado insegura.

Y pensar que dependo tanto de ti. No me gusta depender de nadie... Pero lo cierto es que no es algo que pueda evitar, pues ya lo he intentado.

Mi mundo solo se estabiliza cuando encuentro tu mano, y puedo agarrarla con fuerza. Solo entonces me siento fuerte.

Pero sé que tan posible es que permanezcas ahí siempre, como que desaparezcas hoy mismo. Así que tendré que aprender a ser fuerte sola.

Y siento que poco a poco, día a día, cada vez dependo menos de ti. Y al mismo tiempo, cada vez te necesito más.

Al fin llegas, y me asalta un mar de dudas. ¿Dónde has estado? ¿Qué has hecho? ¿Con quién?

Pero debo entender que no debo agobiarlo, que no debo hacer tantas preguntas.

No es él. No me ha dado motivos para desconfiar, y eso es algo que tengo que aceptar, asumir, afrontar...

Así que cálmate. Para de una vez. Deja de hacerte sufrir a ti misma, y se feliz. Disfruta de su compañía, de su amor, disfruta de él... y deja de tener miedo a perderle cada día.

Pero eso es algo tan fácil de decir, y tan difícil de cumplir. 

Sabes perfectamente que cualquier día puedes perderle. Que cualquier día pueden torcerse las cosas, y no dudará en irse y dejarte atrás.

Eres completamente consciente de que no eres más que un capítulo de su vida, y no sabes si será el capítulo final o simplemente uno de muchos. No sabes cuántas páginas tiene vuestra historia.

Y sólo con pensar en ello ya comienza.

Un miedo incesante, desordenado, caótico, invade todo mi cuerpo sin dejarme pensar con claridad. Y mi mente crea hechos inexistentes para herirme a mí misma.

Y eso es algo que tengo que arreglar.


Calma incesante, que parece infinita, como el mar tras la tormenta cuando miras al horizonte. Un lago, totalmente pasivo, dormido, y el ritmo suave de las olas al acariciar la arena...

Una mirada. Se acabó.

Comienzan las olas a gritar, y el cielo a sollozar. El agua, las olas, intentan escapar; forcejeando con el aire, llenas de ira y confusión. El cielo llora, y puedo escuchar su llanto, sentir sus lágrimas, oír sus gritos en la lejanía. Y mientras tanto yo estoy en el agua, siendo arrastrada por la marea, con miedo. Sin saber a dónde me lleva. Sin saber cuándo terminará. Sin saber si realmente va a terminar en algún momento, pues no depende de mí, sino de ti. Todo mi mundo se desmorona, se vuelve loco. Toda mi calma cesa, se vacía. Y aunque parecía infinita, tuvo una vida muy corta.

Y de repente una mirada. Se acabó.

Las nubes, cansadas de llorar, se marchan a dormir. Solo puedes ver su rastro en el horizonte, mientras vuelven a casa, con un color rojizo. Y las olas, cansadas, comienzan a descansar, completamente agotadas, y se recuestan sobre la arena; con cuidado, con miedo a romperse.


Con solo una mirada tuya.

Me llenas de calma, y al mismo tiempo desordenas mi mundo.