martes, 14 de agosto de 2012

¿La felicidad se agota?


Ya nada es igual. Todo es diferente. No sé si has cambiado tú, o he sido yo. No sé si tu humor es cada vez más estúpido, o es que yo estoy cada vez más amargada, pero ya nada me hace gracia. Todo me duele. Y siento ganas de llorar cuando me sueltas comentarios que tal vez sean broma, pero que yo siento despectivos, sobre todo relacionados con el sexo. Y ya no me rio. Y cuando lo hago no pasa mucho tiempo hasta que todo se jode, y quiero llorar. Quiero llorar porque nada es igual, porque todo es distinto, porque parece que nunca volveremos a ser los de antes. Porque hay un antes y un después, y el antes era mejor que este presente. Porque ya no siento que me quieras como antes, me siento menos querida, tan solo deseada. Porque me quedo esperándote con toda la ilusión del mundo echándote de menos, queriendo estar contigo, y cuando llegas de una forma u otra se jode, y se me quitan las ganas de seguir aquí. No sé qué hacer. No sé si tiene solución. Ya nunca podemos hablar sin que alguno de los dos se ofenda. Ya nunca podemos hablar sin que se me escape alguna lágrima. Ya no existen los días de felicidad y paz. Ya no. Y eso me duele. Porque con suerte tan sólo un día a la semana llegamos a estar realmente bien. Como ayer. Y antes era al contrario; como mucho era un día a la semana el que nos cabreábamos el uno con el otro, o el que llorábamos.

Puede que sea culpa mía, puede que no. Pero si lo es, dime qué puedo hacer para cambiarlo. Porque quiero ser feliz contigo. Porque te quiero, y haré cualquier cosa que esté en mi mano para arreglarlo.

Porque sé que todo puede volver a ser igual que antes.

Porque quiero hacerte feliz.

¿O es que acaso tiene la felicidad fecha de caducidad?

La nuestra no.

Confianza


- Marina, voy a decirte una cosa que no va a sentarte bien.
- Dime papá.
- Te está pasando igual que con Raúl, te vuelcas demasiado en tu pareja y tu vida no debería girar en torno a otra persona, o en torno a una sola cosa. Dependes demasiado de él.
- No dependo de él. Es solo que no tengo nada en qué volcarme, excepto en él. Y soy feliz así.

Y esa es mi triste realidad. No tengo nada, absolutamente nada más que a ti. Y cuando no te das cuenta no importa, porque estás bien así. El problema es cuando alguien te abre los ojos, y hace que te percates de ello.

Ésto me hace plantearme qué he hecho para estar tan sola. Siempre he vivido así, debería estar acostumbrada. El problema es que encuanto aparece alguien nuevo en mi vida me vuelco demasiado, y demasiado rápido. Tan rápido que no tardan en decepcionarme, y no paro de sentirme herida, cada vez por alguien distinto.

¿Qué he hecho para estar tan sola? ¿Para sentirme tan vacía? ¿Para tener que buscar mi identidad en otra persona? ¿Qué he hecho para no conservar a nadie a mi lado? Tan sólo un amigo lejano en quien ya me cuesta confiar.

¿Por qué te siento tan lejos? Me siento lejos incluso de mí misma. Ya no sé qué hacer para darle un poco de sentido a mi vida. Lo único que me hace posar mis pies un poco en el suelo eres tú, son mis planes de verte. Y aunque ahora es suficiente... ¿Qué pasará cuando no lo sea? ¿Cuando pese a tenerte a mi lado, me siga sintiendo vacía? ¿Qué haré entonces?

¿Qué haré cuando te alejes de mí, y ni siquiera tú quieras permanecer a mi lado? ¿Qué haré cuando me vuelva insoportable para ti? ¿Qué haré cuando me quede sola?

No sé si seguir teniendo esperanzas en encontrar algún día alguien que quiera estar conmigo sin pretensiones, solo porque le guste y le caiga bien, y quiera compartir cosas conmigo. Salir a dar una vuelta, ir al cine, tomar unas copas, contarnos secretos, pasarlo bien...

Tener un verdadero amigo.

Creo que ya no tengo esperanzas en ello. Ya no sé confiar en nadie, ni siquiera en mí. Solo en ti. Y tengo miedo de perder la única persona en la que confío.

Tú... ¿Confías en mí?