domingo, 24 de noviembre de 2013

Caprichoso destino

Echo la vista atrás y me da pena, me da mucha pena.

Quién iba a decirnos esto, mamá. Que cuando estabas bien íbamos a ser tan distantes, y que ahora que es cuando estamos unidas todo haya venido de golpe.

Tal vez por eso no vino antes. Tal vez por eso el destino hizo que volviésemos a confiar la una en la otra... por todo lo que se avecinaba.

A pesar de estar en la recta final aún se me hace duro que algunas mañanas no puedas siquiera tenerte en pie. Que maldigas a Dios por el dolor que sientes acuchillar todo tu cuerpo, y grites como único consuelo. Que llores, tanto por la pena que sientes de ti misma como por el sufrimiento que estás pasando. Y que aun así te preocupes por todos nosotros... eres una mujer fuerte, mamá.

Pero a pesar de ser consciente de tu fortaleza no puedo evitar que, a veces, me inunde el miedo. ¿Y si no sale tan bien como esperamos? ¿Y si el cáncer puede contigo? Y toco madera porque todo salga bien y el hecho de pensarlo y escribirlo no tenga más consecuencias que hacerme más fuerte, pero no puedo evitar que a veces ese pensamiento aparezca en mi mente, como una estrella fugaz, pues no permanece mucho tiempo... pero deja una estela que hace que tarde o temprano la recuerde.

Y sé que debo ser fuerte, por ti y por mí. Porque si me ves hundida ¿cómo no vas a hundirte tú? Y justo por eso escribo, mamá. Escribo por no echarme a llorar delante tuya cuando me insultas por el inmenso dolor que sientes, cuando gritas, cuando lloras, cuando no puedes más y no sabes qué hacer para librarte de toda esta pesadilla que se ha cernido sobre nosotros.

Y sé que vamos a salir de esto juntas. Lo sé. Porque eres fuerte, eres muy fuerte, y puedes con esto y con más. Y sólo quedan dos meses mami. Dos mesecitos de nada. ¿Quién nos iba a decir a principios de verano que ibas a llevarlo tan bien? Tres sesiones más y fuera.

Después todavía tendrán que meterte en quirófano dos o tres veces más, pero... ya habremos pasado lo peor, mamá. Y eso es lo importante.

Te quiero. Y por más daño que me hagas, por más que me insultes, que me faltes al respeto, por más que me pegues cuando estás de mal humor... nunca voy a poder dejar de quererte mamá. Nunca. Porque eres lo más importante que tengo en la vida, y no quiero volver a separarme de ti, por nada ni por nadie. Y aunque me cuesta demostrarte lo que siento voy a intentar demostrártelo todos los días... porque te lo mereces.

Vamos allá... sonriendo, como siempre.



domingo, 3 de noviembre de 2013

Despedida

Echo de menos muchas cosas.

Echo de menos cuando te tirabas pedos delante mía y me describías cómo habían sido. Cuando hacíamos competiciones de eructos, a las que yo siempre ganaba, y nos descojonábamos juntas. Echo de menos cuando dibujabas con el Photoshop compartiéndome pantalla y yo te decía los fallos que iba viendo... cuando dejabas fallos a posta para joderme un rato. Cuando te reías de mis caras y me sacabas pantallazos. Cuando bromeabas conmigo, cuando me decías que me querías. Aún recuerdo el día en que me hablaste sólo para decirme que era muy importante para ti, y que me querías mucho. El día que me dijiste que te daba miedo quedarte sola... y yo te dije que nunca iba a dejarte sola. Recuerdo cada uno de los regalos que me has hecho, cada una de las cartas que me has escrito. Todas las palabras bonitas que me has dicho, todas las veces que me has abrazado o me has dado un beso.  Todas las veces que me mirabas y yo sabía perfectamente qué querías o qué pasaba solo con mirar tus ojos. Todas las veces que Dani me decía que parecíamos un matrimonio... y yo le daba la razón.

Echo de menos cuando nos contábamos los cotilleos, cuando criticábamos a Cristina y cuando sabía que, te dijese lo que te dijese, no me ibas a juzgar. Y volvería a hacerlo mil veces. Y quiero hacerlo mil veces más, contigo. Y pensé que tú también querías seguir haciéndolo conmigo.

Pero lo cierto es que sólo puedo hacer este tipo de cosas con alguien de confianza... y yo ya no puedo confiar en ti. Porque me has traicionado, y me has hecho daño. Y eso es algo que no le perdono a nadie. A ti te perdoné una vez... y no puedo hacerlo más.

No me arrepiento de nada de lo que te he dicho, ni de nada de lo que he hecho. No me arrepiento de los más de 200€ que me gasté en tu cumpleaños, ni del viaje de doce horas en bus, y aunque vea que tal vez no lo merecías a mí me compensa... porque verte feliz fue para mí un premio. Pero no puedo seguir dándote todo lo que te daba, no puedo. Quiero, pero no puedo.

Y... ¿sabes qué es lo que más me duele? 

Lo que más me duele es que sé que tú no sientes lo mismo que yo. Que nunca fui tan importante en tu vida, y que no me echas tanto en falta. Cada vez me hablabas menos, cada vez te acordabas menos de mí. Y ahora ya no existo en tu vida... ni tú en la mía. Y yo no puedo evitar llorar por ello... y echarte de menos. Aunque tú no sientas lo mismo, y ya ni te acuerdes de mí.

Te quiero, aunque no lo merezcas. Gilipollas.