domingo, 29 de diciembre de 2013

Pequeña historia


"No puedo. No puedo hacerlo, y aunque pudiese no sé qué hacer. Dios mío, ¿qué hago? Me siento tan débil. Tan frágil, tan... sola. Estoy tan sola..."

Y de repente apareció él. Como un tornado, arrasando con el mundo que conocía. Arrasando con todo en lo que creía. Con todo lo que pensaba que estaba bien. Con su falsa sonrisa de satisfacción, ocultando todos sus problemas tras ella para que no afectasen a mi opinión. Pobre iluso, su alma era tan bella que habría brillado incluso si los hubiese mostrado. Me habría fijado en esos ojos incluso si su aura fuese tan oscura como la ceniza y tan densa como la niebla.

"Oye, ayer me quedé pillao. Estabas muy guapa :3" 

"¿Ah, sí? Gracias."

"Sí, menudo cambio. Aunque te prefiero despeiná y con las gafas y el cuarto hecho una sajurda :3"

No puede ser real, no puede. No existe alguien tan perfecto. "Me tienes idealizado", decía. No puedo idealizar lo que me hace sentir cuando hablo con él, cuando aparece en mi mente. Me hace sentir valiente. Eso no puede idealizarse, eso se siente o no se siente. Y yo lo siento, vaya que si lo siento. Recorre todo mi cuerpo como un calor incesante que me llena de coraje y de decisión. Me llena de amor por él. Y hacía tanto, tanto tiempo que no me sentía tan feliz...

Sí puedo, claro que puedo. Y ahora sé exactamente qué tengo que hacer, y cómo he de hacerlo. Me siento fuerte, soy fuerte. Ya no estoy sola. Le tengo a él, y... me tengo a mí misma. Al fin he recuperado quién soy, cómo soy. Y no estoy dispuesta a perderme de nuevo. Se acabó. No quiero volver a verte, no quiero volver a saber nada más de ti. No quiero que vuelvas a mirarme, ni a mí ni a los míos. No quiero tenerte en mi vida. Y al fin tengo fuerzas de decírtelo a la cara, sin miedo a lo que puedas hacerme, sin miedo a lo que pueda ocurrir después. Al fin tengo fuerzas de marcharme... para no volver. Para echarte y no dejarte regresar. Vete, dame la llave y no vuelvas. Yo lloraba cada día, durante semanas, durante meses, durante años, y nunca te importó. Nunca me escuchaste, nunca me abrazaste, nunca me consolaste ni mitigaste mi dolor. Así que vete, y guárdate tus lágrimas de cocodrilo para quien te crea. Guárdatelas para quien crea que sigue habiendo un atisbo de bondad en tu podrido corazón.

Si alguna vez vuelvo a perderme... quiero que sea en su mirada.

Me llenas de calma, y al mismo tiempo desordenas mi mundo. Te quiero, peque. Gracias por existir... nunca podré terminar de agradecerte todo lo que has hecho por mí, toda la felicidad que me has brindado, toda la confianza que depositaste en mí desde el principio. Justo por eso eres lo más importante que tengo en la vida... y no existe palabra que pueda describir lo que siento por ti, porque es imposible siquiera comprenderlo. Pero tampoco es algo que me preocupe, porque... ¿para qué describirlo cuando puedo demostrártelo?

sábado, 28 de diciembre de 2013

Año nuevo

En este año he aprendido que cuando todo va bien tiene que aparecer algo que lo jode. Que los problemas no vienen de uno en uno, ni de dos en dos; a veces vienen cual avalancha y te arrollan, hasta el punto en que te encuentras tan enterrado en la nieve que no sabes cómo salir, y sientes que no tienes fuerzas para levantar los kilos de nieve que te están aplastando y apresando en tu cárcel de hielo. Y he aprendido que, en esos momentos, no debes avergonzarte por pedir ayuda, por no poder salir tú solo. Si es necesario gritar para que alguien te encuentre y te ayude a salvar tu vida has de hacerlo. Porque las personas que te juzguen por ello demostrarán que no sólo no han tenido que vivir lo mismo que tú, sino que no merece la pena conservarlas en tu vida.

Este nuevo año voy a empezarlo pidiendo ayuda. Voy a comenzar a ir al psicólogo de nuevo, después de tantos años, y esta vez no voy a permitir que nadie me rompa la terapia en la cara. No voy a permitir que me humillen, ni que abusen de mí; no voy a permitir que me detengan. Voy a coger la ayuda que necesito para salir adelante, porque sola no puedo. Y aunque antes me avergonzaba reconocerlo ya no me da vergüenza admitirlo. Tengo tantísimos problemas en mi vida que no puedo con ellos sola, y me parece profundamente injusto arrastrar a los que me quieren conmigo sólo porque soy tan débil que no puedo levantarme sin tirar a otros conmigo. Así que no voy a hacerlo, y voy a terminar lo que hace muchos años empecé y no me dejaron realizar. Porque quedarme como estoy no es justo... ni para mí ni para los míos. Y ya va siendo hora de que empiece a hacer lo correcto, y a ser justa conmigo misma.

lunes, 23 de diciembre de 2013

No eres la excepción de nadie...

Toda mi vida he mendigado atención. Siempre me he lanzado a los brazos de la primera persona en la que sentía que podía confiar y he abierto mi corazón, con todo lo que ello conlleva, dejándome completamente expuesta. Dando el desmesurado poder de herirme y hacerme feliz a la persona equivocada. Sirviendo en bandeja de plata la respuesta a las preguntas "¿cómo puedo hundirla y no dejar que se levante jamás del golpe que le propine?" y "¿cómo puedo hacer que se convierta en la persona más feliz de este mundo?".

Y no importaba cuán fuerte fuese el golpe. Siempre encontraba alguien que me abrazase y a quien brindar el mismo poder. Siempre había alguien a quien podía contarle todos mis secretos, mis preocupaciones, mis problemas, mientras lloraba en sus brazos.

Siempre he sido así con mis amigos, con mis parejas. Porque soy una persona que necesita estar con alguien. Que necesita no sentirse sola. Que necesita saber que hay alguien dispuesto a escucharla... no importa la hora, ni el lugar. Soy una persona dependiente, que necesita que otras la ayuden para sentirse completa.

Y ese "siempre" se ha detenido, por primera vez. Porque tras tres decepciones seguidas en un espacio tan corto de tiempo siento que no puedo más. Que no quiero. Que no estoy preparada para que me propinen otro golpe. Y tengo miedo.

Tengo la posibilidad de conocer a alguien fantástico justo delante de mí y... decido no cogerla. Porque no puedo. Porque no puedo volver a confiar en alguien que me traicione poco tiempo después y me haga aún más daño. Porque es pensar en tener la misma confianza que con las demás y... me rompo. Echo a llorar y me doy cuenta de que, por primera vez en mi vida, siento que no estoy preparada para tener otra amiga. Que no estoy preparada para volver a darle a alguien mi propio arma homicida.

Y me paso los días en mi habitación, sin salir, completamente a oscuras frente a mi ordenador intentando olvidar el dolor que siento por decepción tras decepción... sin contarle mis problemas a nadie. Porque no puedo confiar en nadie.

Cuento los días que faltan para que pueda hablar con un especialista que no pueda traicionarme, que no pueda hacerme daño, que no pueda usar mis secretos contra mí porque forma parte de lo que le da de comer. Porque el "no gana nada hiriéndome" ya no me sirve. Nadie gana nada haciéndolo y todos lo hacen.

Necesito encontrar otra forma de llevar mi vida, de tener amigos, de conocer gente. Necesito aprender a no contar mis problemas a los demás, de solucionarlos yo sola sin ayuda de nadie, sin que nadie me escuche llorar y me diga "no te preocupes, Marina, todo va a salir bien". "Llora, Marina, llora. Desahogarte es bueno. Esas personas no merecen ninguna lágrima tuya".

Necesito encontrar la forma de ser feliz sin necesitar oír mentiras de personas que supuestamente me quieren... y dejar de creer que me quieren.

Porque no, Marina, no te engañes...

No te quieren. No eres la excepción de nadie. Y, sobre todo... no puedes confiar en nadie.