martes, 17 de enero de 2012

Calma incesante

Me llenas de calma, y al mismo tiempo desordenas mi mundo.

Busco un orden indestructible que me haga sentir bien, pero no paran de chocar las olas, y me arrastra el mar.

Mi mundo se desmorona con solo una frase, una palabra, una mirada. Y eso me hace sentir demasiado insegura.

Y pensar que dependo tanto de ti. No me gusta depender de nadie... Pero lo cierto es que no es algo que pueda evitar, pues ya lo he intentado.

Mi mundo solo se estabiliza cuando encuentro tu mano, y puedo agarrarla con fuerza. Solo entonces me siento fuerte.

Pero sé que tan posible es que permanezcas ahí siempre, como que desaparezcas hoy mismo. Así que tendré que aprender a ser fuerte sola.

Y siento que poco a poco, día a día, cada vez dependo menos de ti. Y al mismo tiempo, cada vez te necesito más.

Al fin llegas, y me asalta un mar de dudas. ¿Dónde has estado? ¿Qué has hecho? ¿Con quién?

Pero debo entender que no debo agobiarlo, que no debo hacer tantas preguntas.

No es él. No me ha dado motivos para desconfiar, y eso es algo que tengo que aceptar, asumir, afrontar...

Así que cálmate. Para de una vez. Deja de hacerte sufrir a ti misma, y se feliz. Disfruta de su compañía, de su amor, disfruta de él... y deja de tener miedo a perderle cada día.

Pero eso es algo tan fácil de decir, y tan difícil de cumplir. 

Sabes perfectamente que cualquier día puedes perderle. Que cualquier día pueden torcerse las cosas, y no dudará en irse y dejarte atrás.

Eres completamente consciente de que no eres más que un capítulo de su vida, y no sabes si será el capítulo final o simplemente uno de muchos. No sabes cuántas páginas tiene vuestra historia.

Y sólo con pensar en ello ya comienza.

Un miedo incesante, desordenado, caótico, invade todo mi cuerpo sin dejarme pensar con claridad. Y mi mente crea hechos inexistentes para herirme a mí misma.

Y eso es algo que tengo que arreglar.


Calma incesante, que parece infinita, como el mar tras la tormenta cuando miras al horizonte. Un lago, totalmente pasivo, dormido, y el ritmo suave de las olas al acariciar la arena...

Una mirada. Se acabó.

Comienzan las olas a gritar, y el cielo a sollozar. El agua, las olas, intentan escapar; forcejeando con el aire, llenas de ira y confusión. El cielo llora, y puedo escuchar su llanto, sentir sus lágrimas, oír sus gritos en la lejanía. Y mientras tanto yo estoy en el agua, siendo arrastrada por la marea, con miedo. Sin saber a dónde me lleva. Sin saber cuándo terminará. Sin saber si realmente va a terminar en algún momento, pues no depende de mí, sino de ti. Todo mi mundo se desmorona, se vuelve loco. Toda mi calma cesa, se vacía. Y aunque parecía infinita, tuvo una vida muy corta.

Y de repente una mirada. Se acabó.

Las nubes, cansadas de llorar, se marchan a dormir. Solo puedes ver su rastro en el horizonte, mientras vuelven a casa, con un color rojizo. Y las olas, cansadas, comienzan a descansar, completamente agotadas, y se recuestan sobre la arena; con cuidado, con miedo a romperse.


Con solo una mirada tuya.

Me llenas de calma, y al mismo tiempo desordenas mi mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario